La reforma laboral aprobada por el Gobierno este viernes va en la buena dirección pero no es la reforma definitiva que necesita nuestro país. El mercado de trabajo español está estancado desde el franquismo y dominado por ciertos dogmas que dificultan la creación de trabajo. No se ha resuelto la cuestión. Se abarata el despido porque se reduce en el caso de los contratos indefinidos la indemnización de 45 a 33 días, y se facilita la indemnización de 20 días para las empresas en dificultades. Pero no se rompe con el mal endémico de nuestro sistema: la dualidad. Los que tienen contrato indefinido siguen estando en un plano muy diferente a los que tienen contrato temporal que son expulsados del mercado laboral sin percibir indemnización alguna.
Es positivo que se vuelva a poner límite a los contratos temporales que no podrán pasar de dos años. Pero se ha perdido la oportunidad de crear un tipo único de contrato que es lo que recomendaban los expertos. Se ha perdido también la oportunidad de suprimir definitivamente la vigencia de los convenios colectivos que han caducado. No es suficiente que la vigencia de los convenios caducados se limite a dos años. Es una mejora respecto a la ultra-actividad sin límite pero no se limitan los poderes todavía excesivos de los sindicatos.